ABAD FACIOLINCE, Héctor, El olvido que seremos, Madrid, Seix Barral, 2008.







Es curioso como muchas veces los libros nos llegan a las manos sin que los busquemos. Esto es lo que me ocurrió con esta lectura que me propongo comentar. Fue un sábado cualquiera, yo estaba escuchando la radio y a través de las ondas entrevistaban a un escritor colombiano desconocido para mí. Era Héctor Abad Faciolince, que volvía a tejer  la historia no ficticia de la muerte de su padre acaecida 20 años antes en su libro El olvido que seremos. El título ya me había fascinado, pero la historia real que se ocultaba  tras  él, aún más. Decidí que sería mi próxima lectura.

A pesar de lo funesto del título, - una verdad como un templo, por otra parte- el autor se proponía todo lo contrario, recordar desde el cariño inmenso la figura de un gran padre y de un hombre que quiso hacer del mundo un sitio mejor.






 Médico de vocación, Héctor Abad Gómez se propuso mejorar las condiciones de vida de los colombianos en los años 60, 70 y 80 poniendo en marcha acciones fundamentales de salubridad e higiene, entre ellas hacer llegar  agua potable a todos los barrios de Medellín. Este hecho, que hoy nos puede parecer tan lógico, le trajo innumerables problemas y a lo largo de su trayectoria profesional fue acusado de comunista radical por unos y de reaccionario y burgués por otro. En cualquier caso, el retrato que nos propone su hijo en estas páginas es el de un hombre profundamente involucrado en su tiempo e insobornable ante las injusticias de sus conciudadanos. Este espíritu combativo le condujo a una muerte injusta a manos de unos sicarios que, a instancias de algunos poderosos y a sangre fría, acabaron con su vida disparándole a bocajarro en la calle.

Esta historia nos deja un regusto amargo, pero también cierta esperanza en el ser humano. El testimonio de vida que recoge esta obra es fundamental y permite, de alguna manera, revivir al protagonista a través de la memoria de su hijo, pues como él mismo reconoce: “los libros son un simulacro de recuerdo, una prótesis para recordar, un intento desesperado por hacer un poco más perdurable lo que es irremediablemente finito”.  Yo no puedo estar más de acuerdo.




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